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Retrospectiva: retroceso en perspectiva

Que "la ciencia avanza que es una barbaridad" es indiscutible. ¿Pero a costa de quién?

Recuerdo uno de los primeros programas de dibujo que se hizo popular, el Deluxe Paint II, entre cuyas imágenes de ejemplo se hallaba la magnífica pintura de una mujer celta, iluminada por las llamas de una hoguera. Deluxe Paint II es un programa prehistórico para los estándares actuales, tan sólo "superado" por el Paint del último Windows.
Recuerdo el magnífico "Oxygène" de Jean-Michel Jarre, creado con una mesa de mezclas de cuatro canales y unos sintetizadores que sólo garantizaban el sobrecalentamiento y el desafinado. Hoy día podría aterrizar un Boeing sobre las mesas de mezclas, y los sintetizadores casi componen solos -de hecho, algunos parece que prefieran hacerlo-.
Me recuerdo a mí, no hace tanto tiempo, programando un Eliza (el programa de conversación ideado por Weizenbaum) sobre una calculadora Casio FX-850, con una pantalla de 2 líneas por 32 caracteres, 40 K de memoria, y sólo Dios sabe qué procesador. Hoy en día, ni el mando a distancia de la tele se dignaría a tener unas prestaciones tan bajas.

¿Le sacamos partido al progreso? A veces tengo la impresión de que, cuanto más sudan unos pocos ingenieros y desarrolladores para proporcionarnos las mejores herramientas, tanto menos la mayoría de nosotros queremos sudar usándolas, para obtener resultados dignos de ellas.

Hoy en día, muchos usuarios se obsesionan por tener el último Photoshop, para así poder recortar la cara de un familiar y ponerla sobre el cuerpo decapitado de un culturista. Ni balance de tonos, ni similitud de texturas, ni hostias; seguro que "da el pego, ajjajaja".
Otros esperan con impaciencia el próximo Cubase, para poder perpetrar cinco de minutos de ruido torpe y caótico con que torturar a familiares, amigos y desprevenidos contactos del MSN.
Y yo, que rara vez escapo a mis propias críticas, apenas puedo conseguir un programa en línea de comandos que salude al mundo.

Y seguimos exigiendo avances, pero en verdad ya no podemos justificarlos con nuestro ingenio. De momento, nos tranquilizamos con términos como "sociedad de consumo", "desarrollo asistido", o el siempre socorrido "y... ¿por qué no?".

Ah, pero algún día nos quedaremos sin eufemismos.

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